viernes, abril 20, 2007

Trabajo, trabajo, trabajo.

Primero, la emoción de la posibilidad.
Después, el poco tiempo, la vergüenza limitante y las ganas de abandonar.
Un sólo paso más llevó a la pena, la desesperación, la culpabilidad y al tápenmecondiario.
Finalmente, a pocos días de terminar, empieza a aflorar nuevamente la emoción, el saber que no me quedé de brazos cruzados, que hice cosas y que sirveron.
Temí porque odiaran mi trabajo, pero terminaron haciéndome algunas correcciones y diciéndome gracias.

No era tan terrible después de todo.

Abandonada en un banquito en Campus Oriente, con los dedos entumecidos, veo cómo empiezan a llegar las cosas que había buscado esta semana. No es metáfora, en mi mail aparecen las correcciones, los cuestionarios, las posibilidades.

Parece que lo logramos.
¿O estaré cantando victoria antes de tiempo?

{Ze Pequeña, gracias por la ayuda y perdón que Carlos te haya retado por mi culpa.}

lunes, abril 16, 2007

Tarde de Clínica.

El fin de semana mi abuelo fue al supermercado y se cayó. Nadie sabe muy bien cómo fue, pero terminó con un tajo en la cabeza en una ambulancia directo a la Clínica.
Hace tiempo que no entiende mucho lo que pasa a su alrededor, porque además está casi ciego. Es capaz de preguntar cien veces quien es la persona que está a su lado, aunque sea mi abuela. En todo caso, de ella es de quien más se acuerda. De ella y de mi tía.

Hoy día lo fui a ver y lo único que hacía era alegar. Que se quería parar, que se quería ir a la casa. Lo malo es que lo tenían amarrado a la cama, porque como tiene tantas ganas de irse es capaz de pararse y salir corriendo. Además de pegar varios manotazos en el intento. Estuve todo el rato con la guata apretada, porque parecía un niño chico. Mi abuelo, el que nos pagaba porque le arregláramos el pelo con la peineta que siempre tenía en el bolsillo, estaba completamente postrado en la cama y hablando tan mal que apenas se le entendía. Y así sigue hasta ahora. Echado y alegando.

Y durante casi toda la tarde estuve ahí, al lado de mi abuela, sentadas en unas sillas incómodas en la pieza de vidrio de la UCI. Pero a pesar de todo, lo pasé bien. Me encanta mi abuela. Es lo mejor. Es de esas viejas choras, que lo sabe todo y que hasta el día de hoy trabaja haciendo traducciones, mandando todo por Internet. Hasta hablo por MSN con ella y me manda cadenas lateras.

Mientras estábamos ahí, le pedía a mi abuelo que no se moviera, que no se tratara de desamarrar, que no se sacara los calcetines que le pusieron para la circulación, que se dejara quieto el dedo que tenía envuelto en un plástico. ¡No te saques el parche de la frente! Con cara de cansancio, me miró y me dijo: Tienes que querer mucho a Israel, para que cuando estén viejos y estén así, puedas tener la paciencia suficiente. Porque de eso se trata, de las pequeñas cosas de todos los días, pero también de estas.

Y se me apretó más la guata. Casi se me llenaron los ojos de lágrimas y me di cuenta de cuánto quiero a mis abuelos. Una vez más, son lo mejor. A Israel también lo amo y no me importa si cuando estemos viejos lo tengo que retar para que no se saque los parches o ponerle el pato (qué instrumento más espantoso) para que haga pipí, tal como lo hizo mi abuela un rato antes que yo me fuera.

domingo, marzo 18, 2007

De prácticas, perros y otras hierbas.

El viernes fue el día de los cambios. La práctica la terminé oficialmente el jueves, pero tuve que ir igual al día siguiente para terminar algunas cosas y despedirme como se debe. Quedé feliz. Creo que aprendí mucho, pero sobre todo me quedé con ganas de no volver a clases. Me encantaría poder seguir ahí, me cae bien la gente y me gusta el trabajo. Por suerte no estaré totalmente alejada y de vez en cuando podré ir a darme una vuelta.

Además el viernes fuimos con Israel a la casa del papá de la Coni en Chicureo a buscar a nuestra perra. Es una salchica negra con las patas café muy, muy rica. En el camino de vuelta se fue echada en mis piernas y ni siquiera vomitó. Toda una princesa. Su nombre de origen era Anastacia, pero con Israel se lo queríamos cambiar y nos fuimos pensando todo el camino en eso. No se nos ocurrió nada que nos convenciera. La dejamos en su casa, en Peñaflor y fue más que bien recibida por los vecinos pequeños. El único problema es, más tarde, cuando volvimos, ya la habían bautizado: ahora se llama Cuqui (o Cookie, o Kuky, vaya uno a saber). En vano fue todo el esfuerzo en pensar en un nombre lindo. Cuando finalmente nuestra duda estaba entre Violeta y Pimienta, nos encontramos con esto. En fin.

Pero el viaje a Peñaflor no fue sólo para dejar a la Violeta (sí, en mi mente seguirá llamándose así, no importa lo que diga el resto del mundo). A la salida de la casa de Israel me encontré con eso que estaba buscando hace tanto tiempo. Ahora, más encima, andaba con plata en la mano y con un auto disponible. No lo pensé dos veces y le dije al señor de delantal azul: ¿me da esa?

Así, nos vinimos con mi nueva súper increíble y verde bicicleta. ¡Sí! Finalmente me compré la mini que tanto quería. Seguramente ahora hasta me voy a ir a la U en bicicleta, aunque me demoraría menos a pie (hay que recordar mis nulas habilidades sobre este medio de transporte). Pero es tan bella. Además, le pregunté al señor: ¿y viene sin canasto? Aplicando toda la técnica de la cara del gato de Shrek. Y me miró y me dijo que bueno ya. En un par de minutos la bicicleta tenía canasto, patita para estacionarla, reflectores adelante y atrás y una increíble campana con un caballo dibujado.

Yo ya no daba más de felicidad y me lanza el discurso final: Señorita, usted tiene que cuidar esta bicicleta, nada de andar dejándola tirada por ahí. Lo que usted tiene en sus manos es una reliquia, ya no hacen más de estas. Así es que le voy a regalar esta cadena también. Cuídela.

Sentí como si me estuviera dando un pedacito de su historia, aunque claro, el hombre se dedica a eso. Pero a lo mejor tenía una relación especial con esta bicicleta. Yo creo que es verdad. Ahora la bicicleta está en mi casa estacionada, con su pintura verde manzana intacta. Sólo falta que me suba y salga a pasear por ahí.

Y una cosa más, ¿cómo le pongo? Porque, claramente, tiene que tener nombre.

miércoles, febrero 07, 2007

Depilación.

Ayer pensé que había descubierto una nueva picada. Un lugar amplio, blanco, decorado moderno y a pocas cuadras de mi casa. Toqué el timbre, me abrieron la puerta y pregunté si tenían hora para depilarse altiro. Espere un momento. Me senté en un sillón de cuero negro, frente a una mesita con varias revistas, entre ellas, la última Paula. Vamos bien, pensé. La señorita que me recibió apareció nuevamente y me hizo pasar a una pieza. Era bastante grande, la camilla era la más moderna que había visto y tenían una mesa con cubierta de vidrio para dejar las cosas.

Nada comparado con mi antigua Lady Di. Es una peluquería un poco oscura, que al fondo tiene una angosta y empinada escalera de madera. En el improvisado segundo piso, que debe tener un metro setenta de altura, porque siempre me pego en la cabeza, está la camilla cubierta con un género floreado. La cera debe ser la misma desde la primera vez que fui y más encima la calientan en olla.

En el lugar moderno, en cambio, tenían una maquinita blanca de esas que controlan solas la temperatura. ¿Por qué es media amarilla? Porque es cera Karité. Era una cera especial por no se qué y hecha con manteca traída del Caucaso (bueno, no de ahí, pero la idea es que me la presentaron como increíble).

Y me eché en la camilla. Estuve ahí por una hora y media. Ya no lo podía creer. O esto era muy bueno, o demasiado malo. Y claro, aunque le tenía fe, resultó ser demasiado malo. Yo no sé si el problema fue la niña depiladora o la cera, pero por alguna extraña razón me la echaba en pequeños montoncitos esparcidos sin ningún orden por mi pierna.

Mientras veía este desastre, sólo podía pensar: ¿Por qué no pregunté antes de entrar cuánto costaba? Ya me imaginaba que además al salir me cobraban un millón de dólares por la gracia. Por suerte no fue tanto.

Al final me fui a mi casa con la mitad de los pelos que tenía al principio todavía puestos y con la convicción que Lady Di sigue siendo mi mejor opción. Nada como la mejor peluquería de barrio.

lunes, febrero 05, 2007

Escuchona.

Me gusta mirar a la gente. Pero sobre todo me gusta escuchar conversaciones ajenas. Si voy en una micro puedo estar todo el camino intentando entender qué dice esa pareja que va atrás mío. O en el metro. O en la calle. O en un restorán. No me importa nada. Igual trato de pasar piola, pero a veces es inevitable y termino comentando su conversación con la persona que anda conmigo.

No se por qué será, pero tengo esa rara fascinación. Es como para enterarme de lo que le pasa a la gente. Por ejemplo el sábado, en la micro de Peñaflor a Santiago, lo pasé chancho escuchando como dos señoras conversaban de su trabajo. Supe que estaban atrasadas, que las iban a retar y que un tipo que trabaja donde mismo le había dado un beso a una de ellas, pero él estaba casado. Igual a la niña le gustó. Pero ahora es pesado, así que no les cae muy bien.

O la otra vez, que iba en el metro, completamente pasmada escuchando la conversación de una niña con un niño extranjero. Yo estoy segura que a ella le gustaba él, pero él no la pescaba mucho. Él era alto y ella lo miraba con deseo.

No puedo evitarlo, soy una mirona. Una escuchona.

Es esa misma fascinación la que cuando chica me hacía leer cualquier libro que en su título tuviera las palabras Diario de Vida. La misma que me hace leer miles de blogs al día, de conocidos y desconocidos (casi más de los últimos).

¿Estaré muy loca? A lo mejor es mi instinto de periodista que se apodera de mí. Quien sabe.

miércoles, enero 03, 2007

Revista.

Cosas graciosas de hacer la práctica en una revista para mujeres hecha casi completamente por mujeres:

1. Las guaguas son objeto de culto: No es raro que las periodistas lleguen con sus hijos chicos a la revista, lo que produce inmediatamente un caos de proporciones. Esto empeora seriamente si se trata de un niño de menos de un año de edad, porque a todas se les despierta el instinto maternal y corren a apretarlo como si fuera un pobre oso de peluche. No es raro tampoco ver una acumulación de periodistas rodeando a una guagua. El trabajo se para por algunos minutos y todo gira en torno a él. Después, cada una vuelve a su escritorio.

2. El matute es un mal necesario: Cada vez que una persona cruza la puerta de la revista con una bolsa con cosas para vender, se para todo el trabajo nuevamente. Un montón de mujeres con ansias de comprar y poco tiempo para hacerlo (entre las que, claramente, me incluyo) se tiran encima del pobre individuo que haya entrado. Claro que este individuo no termina tan pobre, porque claramente gana. Y harto. ¿Un ejemplo? Tengo dos calzones que no necesitaba guardados en mi bolso. Porque la oferta es variada. Desde un tipi de indios para que jueguen los niños, hasta trajes de baño argentinos. Todo por sumas nada de módicas.

3. El mundo de las picadas: Todas conocen la mejor tienda de ropa, de zapatos, de calzones, de cosas para la casa o de productos (entiéndase producto como toda aquella sustancia que se pueda echar en el cuerpo y que mientras sirva para más cosas, es mejor). Y están completamente dispuestas a compartirlos.

4. Colegio de mujeres: Por fin creo entender qué se siente estar en un colegio de puras mujeres. Después de haber estado durante 12 años en instituciones mixtas, por fin entiendo cómo es estar rodeada de mujeres todo el día. Sí, hablan más agudo. Pero también hablan más tonteras (bueno, no siempre, pero casi), lo que es

lunes, enero 01, 2007

Año Nuevo.

Hace tiempo que no escribía nada. Y eso que han pasado muchas cosas.
Por ejemplo, faltan sólo 3 días para mi cumpleaños.

Partamos por el principio. Hace dos semanas que empecé la práctica y ha sido bueno. Es extraño esto de estar todo el día sentada frente a un computador, pero por lo menos reconozco que me ha servido un poco para superar mi miedo a hablar por teléfono frente a otra gente. Estos días no ha quedado otra opción y he tenido que hablar. Claro, me doblo y hago todo tipo de contorsiones para que la gente me escuche lo menos posible, pero en una planta libre, sin oficinas, eso es difícil.
Pero también me he dado cuenta que para los periodistas que pertencen a un medio es todo un poco más fácil. O sea, eso que uno, como estudiante, siempre se preguntó, ahora es verdad. Con tan sólo decir el nombre del medio cambia la disposición y ya no es tan usual escuchar el tono lateado o derechamente pesado al decir: Hola, soy estudiante de periodismo, quería hacerle una entrevista.
Es más, el otro día llamé a un señor para hacerle unas preguntas y después que le colgué me llamó él (ojo, él tomó su celular, buscó en la memoria las llamadas recibidas y lo marcó) para decirme más cosas que se le habían ocurrido.
Pero como en todo, hay excepciones. Nunca falta el tipo que cree que su trabajo es lo más importante y que uno no es más que un estorbo. Claro que han sido los menos.

Y eso ha sido un poco mi vida. Con agradables interrupciones como la Navidad o el Año Nuevo.

La noche del 31 de diciembre la pasé en la casa de una de las hermanas de Israel. Comimos pasta hecha en casa, tomamos vino con frutillas y champaña. Nos abrazamos y después nos sentamos alrededor del fuego. Como a las 2 de la mañana ya moríamos de sueño, así que con Israel nos fuimos a acostar.
Y hoy día seguimos celebrando, en la misma casa, pero esta vez con pollos asados. En un minuto, la Fabiola llegó con papeles de arroz para que cada uno escribiera lo que quería para este año. Le hicimos caso y nos pusimos a escribir. Me di cuenta que si todo se cumple, este debería ser un año increíble, pero más que eso, un año de grandes cambios. Ojalá que así sea. Después de eso, cada uno enrrolló el suyo y lo ató con un cordel rojo. En la otra punta le amarramos una piedra. Y lo lanzamos a un árbol.

Espero que todos los deseos se cumplan. Yo haré lo imposible porque así sea.
Un año nuevo tranquilo, pero un nuevo año lleno de cambios.

Además, este 1 de enero descubrí que, contrario a lo que siempre pensé, según el horóscopo chino no soy búfalo, sino rata de madera. Y parece que este año se ve bueno para mí.

sábado, noviembre 04, 2006

Cocinando.

De a poco he descubierto que me gusta cocinar. Pero lo mejor es cuando se me ocurre hacer algo y parto al supermercado a buscar las cosas para inventar un plato. Hoy día hice eso. En vez de esperar que llegara Israel a mi casa para almorzar, me fui al supermercado. Compré hartas cosas y me vine con las cosas colgando. Igual estaban pesadas las bolsas, pero descubrí que si uno no las lleva con los brazos colgando, sino flectados y las bolsas colgando en la espalda (dudo que se haya entendido eso), se hacen mucho más livianas.

Y bueno, cuando llegué ya estaba acá Israel, haciendo arroz. Así que arreglé todo para empezar mi súper plato chamuyento, un rico (en realidad quedó muy rico) Chapsui a la Valentina.

Ingredientes:
(para 4 personas)
- 2 pechugas de pollo
- salsa de soya
- 1/2 zapallo italiano
- 1/2 bandeja de dientes de dragón
- 1/2 bandeja de brotes de alfalfa
- 1 bandeja de champiñones
- 1 tarro chico de crema

Se cortan las pechugas de pollo en cuadrados chicos y se les echa sal. Los champiñones se lavan y cortan en láminas. El zapallo italiano se corta en cubos (lavado y con cáscara). Después que está todo esto preparado, se echa el pollo y los zapallos italianos a un sartén (creo que sería mucho mejor en un wok, pero no tengo) con un poco de aceite de oliva. Cuando ya estén medio cocidos se les echa salsa de soya, para que quede más jugoso. Y después se agregan los brotes, dientes de dragón y champiñones. Se tapa el sarten y a esperar.
Después de un rato (no es mucho, así que quédense al lado), cuando ya se ha reducido toda la mezcla y el pollo está completamente cocido, se le agrega el tarro de crema. Y listo. Eso es todo. Ahora sólo tienen que servirlo en un plato junto al arroz echo por Israel. Bueno, si lo hacen ustedes a lo mejor también funciona.

De vez en cuando deberían partir al supermercado a inspirarse. Es una súper buena idea. O sea, no es que este plato sea demasiado original, pero queda rico y además es barato.

jueves, noviembre 02, 2006

Certezas.

Los nervios se acabaron. Ya no tengo que esperar más. Llegó la respuesta. Y sí, me aceptaron para hacer la práctica en la revista Paula. Empiezo el 15 de Diciembre.

Estoy feliz. Es que en realidad es lo que siempre había querido, así que voy a intentar aprovecharlo al máximo.

Bueno, y con toda esta emoción se me había olvidado comentar otra cosa. ¡Por fin nació la Elisa! Ahora si que soy toda una orgullosa tía de 3 cabros chicos, chicos pero grandes, pulentos pero piantes.

No tengo fotos todavía, así que no se las puedo mostrar, pero pesó 3 kilos 100 y midió 50 centímetros. Es enana. O sea, no es tan chica, pero al lado de la Clarita parece un ratón. Y tiene cara de pituca. Así como la boca apretada y la pera puntuda. Y los dedos son tan raros, porque los tiene largos, muy largos y las manos blancas, muy blancas, casi como si fueran de papel. Cosa Rica.

lunes, octubre 23, 2006

Añoymedio.


Tantos días juntos.

Soy feliz.

Feliz AÑOYMEDIO.

jueves, octubre 19, 2006

Miedo.

Anoche iba a escribir que tenía miedo, nervios, la guata revuelta. Pero al final decidí ir a acostarme, porque o si no hoy día, además de todo eso, iba a tener unas ojeras más terribles que de costumbre.
Ahora puedo decir que sigo teniendo un poco de miedo y de nervios, pero que por lo menos lo peor ya pasó. Sólo queda esperar. Aunque ya le conté a las niñas, prefiero no decir nada más por ahora. Si funciona, sabrán. Si no, también.

lunes, septiembre 25, 2006

Amigos.

Para mi los amigos son una de las cosas más importantes. No tengo muchos, pero sí intento cuidarlos. Por eso me cuesta tanto entender las actitudes de algunas personas. No me gusta esa gente que te saluda sólo cuando es para pedirte un favor, pero más me cargan esas personas con las que compartiste muchas horas de tu vida, hablaste de todo, confesaste lo inconfesable y, de un minuto a otro, encuentran a alguien más. Está bien, todos cambiamos y evolucionamos en la vida, pero creo que esta evolución se puede dar en conjunto. Me ha pasado ya un par de veces, curiosamente con gente que luego fue amiga entre si y que, claro, ya no lo es.

Esas amistades desechables no logro entenderlas. Me superan. A lo mejor soy muy tradicional. No lo sé. Pero eso de llenar los favoritos de tu blog con miles de nombres que has visto por ahí, gente con la que has conversado un par de veces, blogs en los que ni siquiera comentas, pero hacen que tu espacio se vea más cool, con más onda. Porque conocer gente tiene onda.

Para mí los amigos son una de las cosas más importantes. No tengo muchos, por eso no necesito llamarlos por su nombre y apellido. La Chica es una sola, la Ale es una sola, Rosita es una sola, la Javi y la Coni también (aunque algunas veces deba incluir sus apellidos para no confundirlas con mis hermanas). No me importa que no tengan apellidos con muchas erres y no conocer a todo su árbol genealógico. Lo importante son otras cosas.

No me interesa salir todos los fines de semana y estar en los lugares de moda. Me da exactamente lo mismo si voy a una fiesta donde está todo el jet set, ir a recitales de grupos indie o ver todo lo que dan en el cine para tener tema. Prefiero hablar de cuánto me gusta comprar cosas en las micros, de los sueños y de nada también.

Me gusta la vida más simple, pero más compleja a la vez.

domingo, septiembre 24, 2006

Compras y micros.

Me gusta comprar. Claro, eso puede no ser una novedad para casi todos, pero una de las cosas que me encanta hacer es comprar en las micros. Desde un chocolate hasta un completo set de desatornilladores. No se qué será.

A lo mejor es porque cuando voy en la micro voy pensando en cualquier cosa, menos en comprar. Y, de un minuto a otro, se sube alguien que animosamente ofrece un producto. Cualquier cosa. ¿Cómo resistirse? O sea, es obvio que esos excelentes 12 plumones marca Sharpie son completa y absolutamente necesarios, aunque en realidad ya tengo 3 juegos de plumones. Pero claro, son de otra marca, otro grosor, y tienen hasta distintos colores, pienso.

Y es irresistible. Termino con los plumones en la mano. O los desatornilladores. O las tijeras, las agujas.

Y ustedes, ¿compran en la micro?
(uf, hoy día me puse interactiva)

domingo, septiembre 10, 2006

Mezcla.

De todo un poco. Días sin escribir. Muchas cosas hechas y otras tantas por hacer.
La semana pasada intenté postear algo, pero estaba en la Universidad y no alcancé. Sólo pude guardar como borrador que tenía un moretón grande en la rodilla derecha. Todavía lo tengo. Supongo que no ha pasado tanto tiempo.
El moretón fue porque no le achunté a la camioneta cuando me subí para ir a Tunquén, el fin de semana pasado. Dos días después me hice otro metiéndome a la ducha. He llegado a la conclusión que todavía estoy en la más tierna adolescencia, cuando uno no tenía el control de su cuerpo porque le quedaba grande. A veces me pasa. Me quedo grande.

Quiero encontrar un trabajo donde me paguen lo suficiente como para poder irme de acá. Ya no soporto mucho. No me gusta andar con la guata apretada por la vida. Me gusta dormir bien, tranquila, acompañada.

Este fin de semana fue el cumpleaños de Israel. Estuvo entretenido y eterno. Me gustan esas celebraciones, aunque al final ya estaba muriendo de sueño y todavía me duele un poco la espalda por las machas.

No quiero tener que hacer cosas que no me gustan. Política debería ser convalidable con otros ramos. Las fotos deberían llegar cuando te dicen. Y yo debería poder escribir lo que tengo que escribir.

miércoles, agosto 23, 2006

Clara.

Sí, costó, pero lo logró. Ya está entre nosotros la Clara.
Es lo mejor.
No es la guagua más linda que ha pisado la tierra, porque en realidad ninguna guagua es muy linda, pero es tan rica. Hace ruidos raros, estornuda chistoso y llora con locura cuando tiene hambre, sólo cuando tiene hambre.

Hoy día la tomé en brazos y tenía un olor muy rico. Y me baboseó el cuello, porque claro, tenía hambre.


Clara
Nació el 22 de Agosto del 2006
A las 07:14 PM
Midió 51 cm
Pesó 4.135 Kg

viernes, agosto 18, 2006

Todavía no.

Y seguimos esperando.

Esta es Clara, en una de las tantas ecografías.


La Clarita se niega a nacer. La Javi ya se comió un tarro de papayas (que según el doctor era como receta de señora de campo) y todavía no pasa nada. La llamo todos los días para saber si hay novedades y no. ¡Nada de nada!

¿Alguien tiene alguna receta mágica?

domingo, agosto 13, 2006

De todo.

La Ale me alegó porque según ella no actualizaba mi blog desde Enero (parece que tiene problemas con esto de aprenderse los meses, pero la queremos igual...). La Caro me dijo que actualizara o si no iba a estar siempre pensando en taller. Y aquí estoy, intentando escribir algo.

Como que los fines de semana largos me gustan, pero no tanto. O sea, sí. Pero no. Es que hay veces, como hoy día, que por culpa de estos feriados eternos no puedo ver a Israel, lo que es una lata. A cambio acabo de arrendar un par de películas que espero me vengan a dejar luego (claramente no es lo mismo, pero así se pasa el tiempo más rápido).

Ayer tuve almuerzo familiar, para variar. Y hoy día, también. Y la Javi cada minuto tiene la guata más abajo y la Carola la tiene más grande. Se supone que la Clarita debería nacer mañana, así que en eso estamos... esperando. A la Elisa le falta todavía.

Pero es entretenido esto. Ver cómo derepente la familia va a aumentar. La pieza de la Clara ya está lista. Incluso la Javi logró terminar el mural que en algún minuto pensó que no iba a lograr. Acá va una foto para que vean más o menos cómo quedó.


Está muy muy bonito. Yo creo que a la Clarita le va a encantar. A eso hay que sumar las cortinas naranjas que le hizo mi mamá y el chal de cuadritos de colores. Y las instalaciones eléctricas de Israel, la lámpara que puso el Jose, el mueble que armaron entre los dos, las flores que colgó la Javi. Parece que todos hemos hecho nuestro aporte ahí.

Me gusta mi familia. Están todos un poco locos. Pero les encanta juntarse a almorzar. Ayer hablaba de eso con Israel. Por alguna razón yo valoro demasiado los almuerzos familiares. Me carga llegar tarde o no ir, porque es una de las pocas oportunidades que tengo de vivir más en familia con mi familia.

Quiero que la Clarita y la Elisa lleguen luego, para que conozcan a todos los locos.

domingo, julio 09, 2006

Viña/Santiago.

Intentando cambiar la configuración del blog, algo hice que no se veían las cosas nuevas que escribía, así que tuve que cambiarla de nuevo. Hasta ahí llegó mi personalización. Voy a tener que investigar más para entender cómo se hace, pero lo lograré.

Este fin de semana lo pasé bien. El viernes me fui a la casa de Israel y el sábado me levanté temprano para venirme a Viña con la Chica. Acá estaban la Coni, Rosita y sus dos amigas brasileras. Hace tiempo que no pasábamos harto tiempo juntas y fue lo mejor. Salimos, paseamos, tomamos helado y nos sacamos muchas fotos. Parece que nos tomamos en serio esto de aprovechar el tiempo antes que Rosita se vaya. Igual va a ser triste cuando la dejemos en el aeropuerto, pero se que va a ser demasiado feliz allá y que va a llegar más contenta que nunca, es cosa de tener paciencia y esperarla unos meses.

Como ya no vengo mucho a Viña, se me había olvidado lo rico que es estar acá, aunque sea haciendo nada. Me gusta estar sentada en uno de los sillones del living mientras mi mamá teje y el Pato se pasea por ahí. Yo solo miro, converso un poco y miro otra vez. Esta vida de casa es la que echo un poco de menos en Santiago, quizás por eso también me gusta tanto irme a la casa de Israel. Claro, en gran parte es por estar con él, pero también me gusta estar echada en la cama de su mamá, con Israel al lado y la tía jugando cartas. Porque siempre juega a las cartas. Solitarios.

Tengo muchas ganas de salir luego de la Universidad, poder trabajar y formar mi propia casa. No es necesario que me ponga a tejer en el living, pero sí quiero tener un lugar agradable donde estar, donde pueda entrar y esperar que llegue Israel o saber que al llegar a la casa va a estar esperándome. En Santiago nadie me espera mucho. A veces la que más nota que no estoy es la Nelly.

martes, julio 04, 2006

Nueva Cara.

No me convence para nada esta nueva faceta del blog. Lo único bueno es que después de un par de horas peleando (sí, peleando) contra blogger y ayudada por mi reciente aliado Dreamweaver logré cambiar un poco cómo se ve esto. No es mucho y tampoco me mata el header nuevo, pero cuando salga de vacaciones intentaré hacer algo mejor.

lunes, julio 03, 2006

La Motivación.

Al principio Periodismo me convenció. Después vino la crisis-vocacional-no-soporto-esta-carrera. Y parece que ahora estoy entrando en un nuevo período de aceptación. Incluso me está empezando a gustar y hasta hay cosas que me motivan. Parece que al final todo dependía de cómo lo tomara.

No quería tomar Interactiva con Fernández, porque después de Medios 4 me había caído mal. Pero por cosas de horario terminé en ese ramo y me encantó. Todavía no termina y me tiene un poco estresada, pero muy entretenida. Claro, eso es también por el tema de nuestro último trabajo y por la partner (¡nos va a quedar buenísimo!).

Y ahora empiezo a ver el horario del próximo semestre y, aunque hay cosas que no me convencen ni me convencerán nunca, veo otras que me gustan, ramos que quiero que me den y que, extrañamente, son de la carrera.

Ahora hay que esperar que todo resulte, por el momento lo que más espero es que termine el semestre para poder hacer nada por un tiempo. Dormir siesta cucharita y, en el mejor de los casos, irnos un par de días a Puerto Varas a tomar once en la casa de la Javi, con cosas hechas por su mamá.